sábado, 27 de octubre de 2018

Tamara


Ayer en la noche me crucé con una mujer que murió hace años. Me miró un instante desde el andén de enfrente, mientras se acercaban los vagones, y la perdí de vista. Si no supiera que lleva muerta tanto tiempo hubiese pensado que no era ella, que era otra persona. Tuvo una muerte muy triste. No es que piense que haya muertes alegres pero la suya fue muy triste, tanto como lo fue su vida, reflejada en el opaco destello de esa mirada suya que me dirigió antes de dejarse caer, una vez más, a  las herrumbrosas vías del tren.


                                                                      H. O. M. Santiago, Octubre de 2018.




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